Yo Soy El Que Soy 

Por David Feddes

El arbusto estaba en llamas, pero no se quemaba. Sin importar cuán brillantemente resplandeciera, la llama no dañaba el arbusto. Era un espectáculo asombroso, incluso para un viejo pastor de ovejas. Él había cubierto bastante terreno y había visto muchos espectáculos de la naturaleza, pero nunca algo como esto. Dejando su rebaño, Moisés se dirigió hacia el arbusto para ver mejor. Entonces, una voz vino desde el interior de la zarza, y la curiosidad de Moisés se convirtió en miedo.

Dios lo llamó desde dentro de la zarza, ¡Moisés! ¡Moisés!

Y él respondió: Heme aquí.

No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. (Éxodo 3:4-6).

Sin embargo, Dios no apareció solo para asustar a Moisés. Llamó a Moisés a su servicio y lo envió a rescatar a su pueblo. Los Israelitas habían sido esclavos de Egipto durante muchos, muchos años, desde antes de que Moisés hubiera nacido. Los Israelitas debían haberse preguntado muchas veces por qué el Dios de sus padres les permitía sufrir. Pasaba año tras año, las generaciones iban y venían, pero su esclavitud continuaba. Si has pasado por tiempos difíciles sin alivio, es posible que tengas una idea acerca de cómo se sentían los israelitas. ¿Cómo puede Dios dejar que los problemas se acumulen año tras año? ¿Dios no ve lo que está pasando? ¿No escucha nuestras oraciones y gemidos? ¿No le importamos? Escucha lo que el Señor le dijo a Moisés:

"Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel".

Para los israelitas esclavizados en la miseria, y para ti que puedes estar atrapado en problemas en este momento, el mensaje de Dios es: "Te veo, te escucho, me preocupo por ti, te rescataré y te llevaré a la tierra prometida".

Incluso durante los peores momentos de los Israelitas, Dios no los había abandonado. Estaba más cerca de lo que ellos sabían, y el plan de Dios para ellos estaba teniendo más éxito de lo que ellos creían. Incluso durante los largos y dolorosos años de esclavitud, la nación Israelita sobrevivió e incluso prosperó. "Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían" (Éxodo 1:12). ¿Cómo podrían soportar tanta crueldad sin perecer como pueblo? Por la misma razón por la cual un arbusto podría arder sin quemarse: Dios estaba allí. Siglos más tarde, cuando el Espíritu Santo vino sobre los discípulos de Jesús, aparecieron lenguas de fuego sobre sus cabezas sin quemarlos. Muchos de los seguidores de Jesús fueron oprimidos y asesinados, pero la iglesia se hizo cada vez más fuerte y numerosa. Donde el fuego de Dios arde, su pueblo no perece.

De alguna manera, el mismo Moisés se parecía mucho a ese arbusto ardiente. Él ya tenía ochenta años cuando Dios le habló. Sin embargo, incluso a esa edad, Moisés tenía la salud y la energía para caminar muchos kilómetros pastoreando ganado. Él había envejecido sin consumirse ni agotarse. Ahora la llama de Dios estaba a punto de arder de una forma mucho más brillante en su vida. Moisés primero tendría un enfrentamiento con Faraón, el dictador de la nación más poderosa del mundo. Entonces Moisés sacaría a millones de personas de la esclavitud. Durante los siguientes cuarenta años, hasta la edad de 120 años, Moisés encabezaría sus marchas, anunciaría sus leyes, juzgaría sus disputas y se enfrentaría a todo tipo de problemas y desafíos. La verdad y el poder de Dios irían delante de él, la llama divina ardería más y más en su interior, pero Moisés no se consumiría ni se agotaría. Hasta el final, su vista permaneció aguda, y su cuerpo permaneció fuerte (Deuteronomio 34:7). Cuando Moisés murió a la edad de 120 años, no fue porque los años hubieran consumido su cuerpo, sino porque Dios lo llamó a otro mundo.

Moisés no se dio cuenta de todo esto el día en que Dios se encontró con él en la zarza ardiente y lo llamó de pastorear rebaños a pastorear una nación. Cuando Dios le dijo que confrontara a Faraón y a todo el poder de Egipto, Moisés le dijo a Dios: "¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?" La respuesta de Dios fue simple: "Vé, porque yo estaré contigo." Si Dios estaba con él, no importaba qué debilidades pudiera tener Moisés. Si Dios estaba con él, no importaba cuán fuerte fuera Faraón. Un poder mayor que cualquier fuego, una fuerza mayor que cualquier arma atómica, una energía más brillante y más intensa que el sol y todas las estrellas, estaría obrando a través de Moisés.


¿Cuál Es Su Nombre?

Dios es poderoso, y no es solo una fuerza o un campo de energía. Él es personal. Él se preocupa por la gente. Él habla. El actúa. ¿Pero quién es él? ¿Cuál es su nombre? Moisés quería saber.

Moisés le dijo a Dios, "He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?".

Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos." (Éxodo 3:13-15)

Si me conocieras y me preguntaras mi nombre y yo respondiera: "Yo soy el que soy", podrías pensar que solo estaba diciendo lo obvio. Yo soy el que soy, y tú eres el que eres, ¿no lo sabemos ya sin que nadie lo diga?

Pero Dios no solo está siendo complicado cuando dice: "YO SOY EL QUE SOY". Él está diciendo algo de inmensa importancia. Él está revelando un nombre maravilloso. El nombre divino Yahweh (a veces pronunciado Jehová, y que aparece en algunas traducciones de la Biblia como "el SEÑOR") proviene de la palabra hebrea para ser. Dios es el gran "YO SOY", el que es. Él es completamente real, totalmente vivo, maravillosamente personal. Y a diferencia de nosotros, su existencia, su carácter y sus acciones no dependen de nadie más que de sí mismo.

Si me preguntaras mi nombre y yo respondiera: "Yo soy el que soy", la primera impresión podría ser que estaba diciendo algo demasiado obvio como para decirlo. Pero la verdad es que honestamente no puedo decir "Yo soy el que soy". Si digo "yo soy", eso puede ser cierto por el momento, pero no siempre ha sido cierto. Yo no estaba aquí antes de 1961, y podría estar ausente en cualquier momento. No existiría en absoluto, si no fuera por mis padres, y ellos no existirían sin sus padres y sus antepasados ​​que se remontan a través de las generaciones. Mi vida viene de otros, y mi identidad y acciones son moldeadas y cambiadas por otros. Mis padres, mis maestros y mis amigos tuvieron un gran impacto en mí cuando crecí, y aún hoy la forma en que me comporto y la persona en la que me estoy convirtiendo no está determinada simplemente por quién soy, sino también por quién está cerca de mí y, finalmente, por Dios mismo. Entonces, para mí decir, "Yo soy el que soy", puede sonar al principio como una verdad obvia, pero eso no es para nada cierto.

Dios, por otro lado, puede decir con sinceridad: "Yo soy el que soy". Dios no le debe su existencia a nadie más. Él es la fuente de su propio ser. Él es eterno, sin principio ni fin, no depende de nadie o de nada más que de su propia vida y realidad ilimitadas. Los teólogos le llaman a esto aseidad. La aseidad de Dios significa que él es auto existente, no se deriva de otra cosa, no depende de nadie más. Esto aparta a Dios de todas las cosas creadas. Nosotros dependemos de él para existir, pero él no depende de nadie para existir.

Yahweh, el gran "YO SOY", existe por sí mismo, y eso significa que él también es inmutable. Debido a que todo lo que está fuera de su ser ha sido creado por él y debido a que él reina sobre cada persona y sobre cada evento, nada ni nadie puede cambiar lo que él es. Dios dice en la Biblia: "Yo, Jehová no cambio" (Malaquías 3:6). Tú y yo cambiamos. Pero Dios no. Él es quien es, para siempre sin cambios. Él no tiene debilidades que superar, ni inmadurez de la cual crecer, ni fallas que corregir. Nada puede mejorarlo o hacer que sea más de lo que es. No se le puede quitar nada para hacerlo menos de lo que es. Su ser inmutable significa que su palabra es segura y que sus acciones son confiables.

Yahweh no puede ser mejorado o actualizado. Él no se reinventa para adaptarse a las nuevas tendencias o para complacer a una nueva circunscripción de la manera en la que algunos políticos lo hacen. Dios nunca dijo: "Soy quienquiera que pienses que soy" o "Trataré de ser lo que quieras que sea". Él dijo: "Yo soy el que soy". Si no te gusta el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob de la Biblia, tienes un problema. Yahweh no va a cambiar para adaptarse a ti. Él es el que es.

Dios es auto existente e inmutable, pero eso no significa que se mantenga en un aislamiento espléndido de nosotros. Dios está vivo, activo e involucrado con su pueblo. Él es alto y santo, sin embargo, él es cercano y compasivo. Su nombre Yahweh, "YO SOY", significa no solo que él es, sino que él está aquí, presente en su vida y poder ilimitados. Él le dijo a Moisés que les dijera a los israelitas: "YO SOY me envió a vosotros". Para los israelitas esclavizados en Egipto, la presencia del gran YO SOY significaba que el cruel rey y sus esclavos desaparecerían, porque Yahweh se había acercado y no cambiaría en su poder o en su propósito Para ti y para mí, la gran presencia del YO SOY significa la liberación de los enemigos de Dios y una relación personal en la que compartimos su vida y caminamos a diario con él.

Dios quiere que invoquemos su nombre para pedir ayuda y bendiciones y que lo adoremos por su nombre. La frase hebrea "Hallelu Yah" significa "alaba a Yahweh", "alaba a Jehová", "glorifica al gran YO SOY". Pero incluso ese nombre, el elevado y santo nombre Yahweh, no es el nombre supremo de Dios por el cual se nos da a conocer. Para conocer mejor la realidad de "YO SOY EL QUE SOY", debemos escuchar a Jesús.


Y Sabréis Que Yo SOY

El nombre de Jesús en hebreo simplemente significa "Yahweh salva", y Jesús ha dejado en claro que él es el gran YO SOY de la Escritura Hebrea. Tres veces en una sola conversación con sus oponentes, Jesús se llamó a sí mismo YO SOY. Jesús les dijo: "Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba... si no creéis que yo soy [ego eimi en Griego], en vuestros pecados moriréis" (Juan 8:24). Luego, al hablar de su crucifixión venidera, Jesús dijo: "Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy" (Juan 8:28). Algunas traducciones de la Biblia intentan suavizar el sonido de eso, pero pierden gran parte del significado. Traducen las palabras "YO SOY" como "Yo soy el que yo digo ser". Pero eso no es lo que Jesús dijo en el idioma original. Él dijo: "si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis". Él dijo: "Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy". Y en caso de que todavía no lo entendieran, Jesús unos momentos más tarde agregó: "De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58). Jesús es uno con Yahweh. Él ha existido desde la eternidad. Jesús es el impresionante y eterno Yahweh que habló desde la zarza ardiente y que le dijo a Moisés: "YO SOY EL QUE SOY".

Esa misma voz nos habla a ti y a mí en este momento. A la luz de la muerte y de la resurrección de Jesús, podemos conocerlo como YO SOY, el Dios eterno unido a la naturaleza humana. Así como Yahweh descendió para salvar a los Israelitas de la esclavitud, así Yahweh ha descendido para salvar a su pueblo del pecado, de la muerte y del infierno. Cree esto. Pon tu fe en él. Jesús advierte: "Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis". Pero si crees, vivirás para siempre.

El ser único de Dios une a tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el tiempo de Moisés, la Trinidad aún no se había revelado tan claramente. Con la venida de Dios el Hijo al mundo para salvar a todos los que creen, y con el envío del Espíritu Santo para vivir en los creyentes, el gran YO SOY se ha revelado a sí mismo como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Jesús ordenó que su pueblo fuera ​​bautizado "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19). El único Dios que se llama Yahweh también se llama "Padre, Hijo y Espíritu Santo", y toda persona bautizada lleva ese nombre poderoso.

La Escritura dice acerca de Jesús: "él os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Lucas 3:16). Cuando el Espíritu Santo vino a la iglesia con poder en el día de Pentecostés, aparecieron lenguas de fuego sobre las cabezas de esos Cristianos. Hoy el fuego de Dios no se encuentra en un arbusto y no aparece sobre nuestras cabezas. El fuego de la zarza ardiente arde en los corazones de aquellos que conocen a Jesús y que han recibido su Espíritu Santo.

Un nombre maravilloso que ahora podemos usar para Dios, gracias a Jesús y al Espíritu, es "Padre". En la oración del Señor, Jesús nos enseña a decir: "Padre nuestro". El Espíritu Santo en nuestros corazones nos mueve a clamar, "Abba, padre". El temible nombre de Yahweh, que los hombres temblaban de pronunciar si es que se atrevían a decirlo, resulta ser nuestro Papi querido y amoroso, que es lo que quiere decir Abba.


Un Nombre Que Nadie Conoce

Sabemos mucho más acerca de Dios y de su nombre de lo que Moisés sabía cuándo Yahweh le habló desde la zarza ardiente; sin embargo, cuanto más entendemos, más grande se vuelve el misterio. Cuanto más sabemos, más nos damos cuenta de que no sabemos. Cuantas más maravillas nos revela, más sabemos que es demasiado maravilloso para conocerlo plenamente.

En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios no siempre les respondía a aquellos que le preguntaban su nombre. El patriarca Jacob luchó contra un misterioso extraño en la noche, y aunque el extraño lo mutiló con solo un toque, Jacob se mantuvo hasta que el extraño lo bendijo y lo renombró Israel. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. (Génesis 32:29).

En otra ocasión, un misterioso extraño le dijo a un hombre y a su esposa que tendrían un bebé, que más tarde se convertiría en Sansón, el hombre súper fuerte que les dio alivio a los israelitas de sus enemigos. Cuando le preguntaron al extraño su nombre, él dijo: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?" (Jueces 13:18). Un momento después desapareció de ellos en una llama.

¿Por qué no les daría un nombre? Tal vez era en parte porque ya debían saber: estos eran encuentros con el Dios de sus padres, y no necesitaban nueva información o nuevos nombres para saber de quién se trataba. Pero en otro nivel, eran recordados que Dios nunca dice todo acerca de sí mismo, que ningún nombre capta completamente quién es. Él siempre deja, "YO SOY EL QUE SOY", como el misterio más allá de todo lenguaje o pensamiento.

Incluso en nuestra época de una revelación más completa, incluso usando el precioso nombre de "Padre", incluso invocando el nombre salvador de Jesús, incluso siendo bautizados en el nombre de Padre, Hijo y Espíritu Santo, nunca debemos pensar que tenemos control sobre Dios, que lo tenemos resuelto, que conocemos su nombre más profundo. Lo que sí sabemos es motivo de alegría, y lo que no sabemos sigue siendo motivo de asombro y de sorpresa. El último libro de la Biblia nos muestra que Dios el Hijo, a quien conocemos como Jesús, tiene otro nombre que no nos ha dicho. Apocalipsis 19:12 dice: "Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo." Jesús es el nombre sobre todos los nombres, el gran YO SOY, y tiene otro nombre más allá del conocimiento humano.


Las Bendiciones del YO SOY

Maravillémonos de su misterio, y al mismo tiempo creamos y deleitémonos en lo que ha revelado. Algunas de las cosas más asombrosas y emocionantes que Jesús dijo fueron sus dichos YO SOY registrados en el evangelio de Juan. Jesús alimentó a una multitud y luego declaró: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás... Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre" (Juan 6:35).

Jesús les dio la vista a los ciegos y les dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12). Con respecto a los creyentes del Antiguo Testamento, podemos decir: "Jehová es mi luz y mi salvación" (Salmos 27:1). Jesús dijo: "Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo"(Juan 10:9 LBLA). Jesús también dice: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:11). Con respecto a los creyentes del Antiguo Testamento, podemos decir: "Jehová es mi pastor" (Salmos 23), y podemos alegrarnos de que el buen pastor haya muerto para salvarnos.

Él no solo murió, por supuesto. Él también derrotó a la muerte. Jesús no solo afirmó tener los poderes de la resurrección, sino ser La resurrección. "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente" (Juan 11:25). La Biblia a menudo llama a Yahweh "el Dios viviente". Él no solo está vivo, ¡él es la vida!

El hecho de que él sea el Dios viviente significa que él también es el Dios de los vivos. Y los vivos incluyen a muchos que consideramos muertos. Una vez que Jesús fue desafiado por algunas personas que insistían en que una vez que mueres, ese es el final de la historia para ti. Pero Jesús los llevó de regreso a la zarza ardiente y a las palabras del gran YO SOY: "¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos" (Marcos 12:26-27). Dios nunca dice: "Yo era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob". Él dice: "Yo soy su Dios." "pues para él todos viven" (Lucas 20:38). Este Dios nunca se desactualiza, y sus hijos nunca desaparecen.

Anteriormente vimos que "YO SOY EL QUE SOY" significa que Dios es auto existente y no depende de nadie. Jesús lo expresó de esta manera: "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo" (Juan 5:26). Es por eso que la muerte no pudo vencer a Jesús. En su naturaleza humana, su cuerpo podría ser torturado, sus pulmones podrían dejar de respirar, su corazón podría dejar de latir, sus ondas cerebrales podrían cesar. Sin embargo, en su inmutable naturaleza divina, la vida que tiene en sí mismo no podía morir, y esa vida divina elevó su cuerpo humano para vivir de nuevo y para ser glorificado para siempre.

Hubo muchos líderes y maestros religiosos a lo largo de la historia, pero ninguno tuvo vida en sí mismo. Solo Jesús la tuvo. Es por eso que es falso decir que todas las religiones funcionan igual de bien. Jesús es el único camino hacia la vida eterna, el único camino hacia el Padre. Jesús dice: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). Jesús es nuestra vida, o no tenemos vida, solo una muerte miserable y continua. Sin él estamos tan muertos como las ramas cortadas de un tronco. Jesús dice: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5). Yo vivo solo porque él vive. Alejado del gran YO SOY, no soy nada y no puedo hacer nada. Pero "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13).

Después de que Moisés caminó con Dios durante muchos años y vio su poder salvífico muchas veces, el Señor lo llevó a la gloria. Entre las últimas palabras de Moisés estaba esta bendición de despedida:

Bendita de Jehová sea tu tierra, con lo mejor de los cielos, con el rocío, Y con el abismo que está abajo. Con los más escogidos frutos del sol, con el rico producto de la luna, con el fruto más fino de los montes antiguos, con la abundancia de los collados eternos, y con las mejores dádivas de la tierra y su plenitud; y la gracia del que habitó en la zarza Venga sobre la cabeza de José… El eterno Dios es tu refugio, Y acá abajo los brazos eternos… Bienaventurado tú, oh Israel. ¿Quién como tú, Pueblo salvo por Jehová" (Deuteronomio 33:13-16,27,29)

Cuando eres bendecido por el gran YO SOY, entonces todas las cosas creadas se convierten en una bendición para ti. El Dios que ardió en el arbusto sin destruirlo arderá brillantemente en tu vida y todo lo que te rodea se encenderá con su bendición.

 

Última modificación: martes, 6 de febrero de 2018, 08:48