La Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica

Dr. David Feddes, Instituto de Líderes Cristianos


Lealtad a la autoridad de Dios

La autoridad de las Escrituras es una cuestión clave para la Iglesia Cristiana en esta y en todas las épocas. Aquellos que profesan la fe en Jesucristo como Señor y Salvador están llamados a mostrar la realidad de su discipulado obedeciendo humildemente y fielmente la Palabra escrita de Dios. Apartarse de las Escrituras en fe o en conducta es deslealtad hacia a nuestro Maestro. El reconocimiento de la verdad total y de la confiabilidad de las Santas Escrituras es esencial para una comprensión completa y para una confesión adecuada de su autoridad.


Explicando y advirtiendo

La siguiente Declaración afirma esta infalibilidad de las Escrituras renovada, dejando en claro nuestra comprensión de las mismas y advirtiendo en contra de su negación… Consideramos que es nuestro deber oportuno hacer esta afirmación en cara de las fallas actuales de la verdad de la inerrancia entre nuestros hermanos Cristianos y la incomprensión de esta doctrina en el mundo en general.


Caridad y humildad

Reconocemos con satisfacción que muchos de los que niegan la infalibilidad de las Escrituras no indican las consecuencias de esta negativa en el resto de su creencia y de su comportamiento, y somos conscientes de que quienes confesamos esta doctrina a menudo la negamos en la vida al no poner nuestros pensamientos y escrituras, nuestras tradiciones y costumbres, en cierto sometimiento a la Palabra divina.


Una declaración breve

Testimonio de Dios para sí mismo

Autoridad en todo lo que aborda

Inspirada, autenticada, e interpretada por el Espíritu Santo

Inerrante en todo lo que dice

El daño de negar la inerrancia


Testimonio de Dios para sí mismo

1. Dios, quien es la Verdad y quien sólo habla la verdad, ha inspirado las Sagradas Escrituras, para así llegar a revelarse a la humanidad perdida a través de Jesucristo como Creador y Señor, Redentor y Juez. Las Sagradas Escrituras son el testimonio de Dios para sí mismo.


Autoridad en todo lo que aborda

2. Las Sagradas Escrituras, siendo la propia Palabra de Dios, escrita por hombres preparados y supervisada por su Espíritu, es de infalible autoridad divina en todos los asuntos que aborda: debe ser creída, como la instrucción de Dios, en todo lo que se afirma, obedecida, como el mandamiento de Dios, en todo lo que exige; adoptada, como la promesa de Dios, en todo lo que promete.


Inspirada, autenticada, e interpretada por el Espíritu Santo

3. El Espíritu Santo, Autor de las Escrituras divinas, la autentifica ante nosotros por el testimonio interior y abre nuestras mentes para entender su significado.


Inerrante en todo lo que dice

4. Siendo enteramente y verbalmente dadas por Dios, las Escrituras son sin error o fallo en todas sus enseñanzas, no menos en lo que dice sobre los actos de Dios en la creación, sobre los acontecimientos de la historia del mundo, y sobre sus propios orígenes literarios bajo el reinado de Dios, que en su testimonio acerca de la gracia salvadora de Dios en las vidas individuales.


La negación de la inerrancia es dañina

5. La autoridad de las Escrituras se deteriora inevitablemente si esta infalibilidad divina total de alguna manera es limitada o ignorada, o si se hace relativa a un punto de vista de verdad contraria a la propia de la Biblia; y tales lapsos traen graves pérdidas tanto para el individuo como para la Iglesia.


Una declaración breve

Testimonio de Dios para sí mismo

Autoridad en todo lo que aborda

Inspirada, autenticada, e interpretada por el Espíritu Santo

Inerrante en todo lo que dice

El daño de negar la inerrancia


Autoridad de Dios, no de la iglesia

Artículo I. AFIRMAMOS que las Sagradas Escrituras deben ser recibidas como la autoridad de la Palabra de Dios.

NEGAMOS que las Escrituras reciban su autoridad de la Iglesia, la tradición, o de cualquier otra fuente humana.


Iglesia subordinada a las Escrituras

Artículo II. AFIRMAMOS que las Escrituras son la norma escrita suprema por la cual Dios se une a la conciencia, y que la autoridad de la iglesia está subordinada a la de la Escritura.

NEGAMOS que los credos de la Iglesia, consejos o declaraciones tienen una autoridad superior o igual a la autoridad de la Biblia.


Las escrituras son la revelación de Dios, no sólo un testimonio de la revelación

Artículo III. AFIRMAMOS que la palabra escrita en su totalidad es la revelación dada por Dios.

NEGAMOS que la Biblia no sea más que un testigo de la revelación, o que sólo llegue a ser revelación en un encuentro, o que dependa de las respuestas de los hombres acerca de su validez.


Dios puede hablar nuestro idioma

Artículo IV. AFIRMAMOS que el Dios que creó a la humanidad a su imagen, ha usado el lenguaje como medio de revelación.

NEGAMOS que el lenguaje humano esté tan limitado por nuestra condición de criaturas que resulte insuficiente como un vehículo para la revelación divina. Además, negamos que la corrupción de la lengua y de la cultura humana a través del pecado haya frustrado la obra divina de inspiración.


Progresiva pero no contradictoria o incompleta

Artículo V. AFIRMAMOS que la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras fue progresiva.

NEGAMOS que la revelación posterior, que puede cumplir la revelación anterior, nunca la corrige o la contradice. Además, negamos que cualquier revelación normativa haya sido dada desde la finalización de los escritos del Nuevo Testamento.


Inspiración verbal plenaria

Artículo VI. AFIRMAMOS que la totalidad de las Escrituras y todas sus partes, hasta las mismas palabras del original, fueron dadas por inspiración divina.

NEGAMOS que la inspiración de las Escrituras pueda ser afirmada correctamente del todo sin las partes, o de algunas partes, pero no del todo.


El espíritu guio a los escritores humanos

Artículo VII. AFIRMAMOS que la inspiración fue la obra en la que Dios, por medio su Espíritu, a través de los escritores humanos, nos dio su Palabra. El origen de las Escrituras es divino. El modo de inspiración divino sigue siendo en gran parte un misterio para nosotros.

NEGAMOS que la inspiración pueda ser reducida a la intuición, o al aumento de estados de conciencia de cualquier tipo.


Utilizando sin omitir

Artículo VIII. AFIRMAMOS que Dios, en su labor de inspiración utilizó el distintivo de personalidades y de estilos literarios de los escritores que él había elegido y preparado.

NEGAMOS que Dios, al hacer que estos escritores utilizaran las mismas palabras que él eligió, hiciera caso omiso de sus personalidades.


Los Escritos estén libres de errores, aunque los escritores no lo saben todo

Artículo IX. AFIRMAMOS que la inspiración, aunque no confiere omnisciencia, garantizó una expresión verdadera y confiable en todos los asuntos sobre los cuales los autores bíblicos fueron movidos a hablar y a escribir.

NEGAMOS que la finitud o la condición caída de estos escritores, por necesidad o de otra manera, introduzcan distorsiones o falsedades en la Palabra de Dios.


Originales, copias y traducciones

Artículo X. AFIRMAMOS que la inspiración, estrictamente hablando, sólo se aplica al texto autógrafo de la Escritura, el cual en la providencia de Dios puede ser determinado a partir de los manuscritos disponibles con gran precisión. Además, afirmamos que las copias y las traducciones de las Escrituras son la Palabra de Dios en la medida en que representen fielmente el original.

NEGAMOS que cualquier elemento esencial de la fe Cristiana se vea afectado por la ausencia de los autógrafos. Además, negamos que esta ausencia haga que la afirmación de la infalibilidad de la Biblia sea inválida o irrelevante.


Lo infalible requiere lo inerrante

Artículo XI. AFIRMAMOS que la Escritura, habiendo sido dada por inspiración divina, es infalible, por lo que, lejos de engañarnos, es cierta y fiable en todas las cuestiones que aborda.

NEGAMOS que sea posible que la Biblia sea, al mismo tiempo infalible y errante en sus afirmaciones. La infalibilidad y la inerrancia pueden ser distinguidas, pero no separadas.


Hechos históricos y científicos

Artículo XII. AFIRMAMOS que la Escritura en su totalidad es infalible y está libre de toda falsedad, fraude o engaño.

NEGAMOS que la infalibilidad bíblica y la inerrancia se limiten a temas espirituales, religiosos o de redención, excluyendo las afirmaciones en los campos de la historia y de la ciencia. Negamos además que las hipótesis científicas sobre la historia de la tierra puedan ser utilizadas adecuadamente para anular las enseñanzas de las Escrituras sobre la creación y el diluvio.


Inerrante sin seleccionamiento moderno

El artículo XIII. AFIRMAMOS la conveniencia de utilizar la infalibilidad como un término teológico con referencia a la veracidad completa de la Escritura.

NEGAMOS que sea adecuado evaluar las Escrituras de acuerdo a los estándares de la verdad y del error que son ajenos a su uso o propósito. Negamos que la inerrancia sea negada por fenómenos bíblicos tales como la falta de precisión técnica moderna, las irregularidades de la gramática o de la ortografía, las descripciones de observación de la naturaleza, la notificación de falsedades, el uso de la hipérbole y de los números redondos, el acomodo temático del material, las selecciones variantes del material en relatos paralelos, o el uso de citas libres.


Coherencia a pesar de cabos sueltos

Artículo XIV. AFIRMAMOS la unidad y la consistencia interna de las Escrituras.

NEGAMOS que supuestos errores y discrepancias que aún no han sido resueltos menoscaben las pretensiones de verdad de la Biblia.


La inerrancia es la fe antigua, no un invento reciente.

Artículo XVI. AFIRMAMOS que la doctrina de la inerrancia ha sido parte integral de la fe de la Iglesia a lo largo de su historia.

NEGAMOS que la inerrancia sea una doctrina inventada por el Protestantismo Escolástico, o que sea una posición reaccionaria postulada en respuesta a una crítica negativa más alta.


La Palabra y el Espíritu Juntos

Artículo XVII. AFIRMAMOS que el Espíritu Santo da testimonio de las Escrituras, asegurándoles a los creyentes la verdad de la Palabra de Dios escrita.

NEGAMOS que este testimonio del Espíritu Santo opere aisladamente o en contra de las Escrituras.


Explicando, no justificando

Artículo XVIII. AFIRMAMOS que el texto de las Escrituras es interpretado por el exégesis gramático histórico, teniendo en cuenta sus formas y recursos literarios, y que la Escritura ha de interpretar a la Escritura.

NEGAMOS la legitimidad de cualquier tratamiento del texto o búsqueda de fuentes situadas detrás de ello que lleve a relativizar, deshistorizar, descontar su enseñanza, o rechazar sus pretensiones de autoría.


El punto de vista de la inerrancia tiene consecuencias. La negación no es siempre condenable, pero siempre es perjudicial.

Artículo XIX. AFIRMAMOS que una confesión de la plena autoridad, infalibilidad y la inerrancia de la Escritura es vital para una buena comprensión acerca de la totalidad de la fe Cristiana. Afirmamos además que tal confesión debe conducir hacia la creciente conformidad a la imagen de Cristo.

NEGAMOS que tal confesión sea necesaria para la salvación. Sin embargo, negamos que la inerrancia pueda ser rechazada sin graves consecuencias tanto para el individuo como para la Iglesia.

 

Modifié le: mardi 20 février 2018, 09:04